⛰️ #61: La Perspectiva
⛰️ La Perspectiva
“Una vez que hube saciado mis ojos con la contemplación de esta montaña, dirigí mis ojos hacia el interior de mi mismo (in me ipsum interiores oculus reflexi); y desde ese momento todo fue silencio”
Owen Barfield sugirió que el hombre medieval no se sentía dentro del espacio como si fuera un contenedor. Más bien, para Barfield, el hombre medieval vestía el mundo como una prenda. El hombre medieval veía el mundo de manera muy diferente a como lo vemos nosotros. Esto significó que nuestros antepasados medievales vivieron en una relación mucho más “participativa” con el mundo que nosotros. Estaban "en" el mundo de una manera que nosotros no, mucho más como figuras en una pintura que como objetos en una caja. Podemos decir que hubo una continuidad sentida entre ellos y el mundo que los rodeaba. Todo esto cambió, argumenta Gebser, en su libro origen y presente,con el surgimiento de la "era de la perspectiva". El hombre ya no está únicamente en el mundo, sino que empieza a poseerlo; de alguien que era posesión, nos encontramos con alguien que comienza a poseer conscientemente sino el cielo, sí tal vez la tierra. Esto es tanto una pérdida como una ganancia.
El primero que explica este acontecimiento es Petrarca al subir al Monte Ventoux. Fue la primera persona en documentar este cambio de perspectiva, esta descripción supone para aquellos tiempos un acontecimiento memorable, pues significa, ni más ni menos que el descubrimiento del paisaje, algo que ya implica separación, para poder ver algo y estudiarlo es necesario primero identificarlo como algo separado a nosotros.
Como podemos leer en el libro de Gebser:
En esa carta Petrarca tiene un carácter confesional; está dirigida al profesor de teología que, como monje agustino, le enseñó a apreciar y a tomar en consideración las Confesiones de San Agustín; pero uno sólo se confiesa cuando cree haber pecado contra algo.
La tremenda impresión que recibió Petrarca en la cumbre, frente al espacio que se desplegaba ante él, el estremecimiento de ver este espacio como realidad, la perocupación, más aún, la consternación de asimilar y aceptar lo ocurrido; todo esto se refleja en la carta de quien fuera el primer europeo en salir del trascendental fondo dorado de los maestros sinieses, del espacio aún dormitante del alma y en el tiempo, para entrar en el espacio real y así descubrir el paisaje. Es posible que con ello una parte del principio formador (espiritual) del cielo y de la tierra, es decir, tanto de la naturaleza en su sentido más general como de lo divino, pasara al hombre.
Petrarca escribe en sus confesiones al subir el Monte Ventoux:
“Impulsado únicamente por el deseo de contemplar un lugar célebre por su altitud, hoy he escalado el monte más alto de esta región, que no sin motivo llaman Ventoso. Hace muchos años que estaba en mi ánimo emprender esta ascensión; de hecho, por ese destino que gobierna la vida de los hombres, he vivido –como ya sabes– en este lugar desde mi infancia y ese monte, visible desde cualquier sitio, ha estado casi siempre ante mis ojos. […]
Estremecido por los vientos inusuales y por el amplio y libre espectáculo, al principio me quedé rígido, como de miedo. Miro: las nubes estaban a mis pies…dirijo mi mirada a Italia, hacia la cual se dirigió algo más que mi alma…Confieso que suspiré cuando vi el cielo de Italia, que más se apareció ante mi espíritu que ante mis ojos, y un indecible anhelo se apoderó de mói de volver a mi patria…Y luego se adueñó de mí un nuevo pensamiento, que me llevó del espacio al tiempo. […]
Y los hombres van y admiran las altas montañas y las poderosas olas del mar y los largos cauces de los ríos y lo inconmensurable de los océanos y las órbitas de las estrellas y con ello renuncian de sí mismos. […]
Una vez que hube saciado mis ojos con la contemplación de esta montaña, dirigí mis ojos hacia el interior de mi mismo (in me ipsum interiores oculus reflexi); y desde ese momento todo fue silencio”
Tanto sudor y esfuerzo para que el cuerpo llegue un poco más cerca del cielo…algo similar debe espantar al alma que se aproxima a Dios.”
Con el ascenso de Petrarca al monte Ventoux, la conciencia humana, al menos en Occidente, se dio cuenta de la distancia, la profundidad y todo lo que damos por sentado como "espacio vacío". Nos habíamos separado de nuestro suelo y ahora flotábamos libremente. En un sentido muy diferente, estábamos "en" el mundo, pero no "de" él.
Para el mundo antiguo como decía San Agustín “el tiempo está en el alma”, aquel mundo en el que fuera del alma nada había que fuera maravilloso y digno de contemplación, comienza a resquebrajarse. Lentamente se va trasladando el tiempo al espacio, dando una nueva forma de contemplar la naturaleza, de una forma individualista y racional. Podemos entender que sin esta separación no es posible estudiar la naturaleza, y por lo tanto no hubiese sido posible el surgimiento de las ciencias naturales, medicina, química, etc. Es gracias a esta separación que empezamos a entender el entorno que nos rodeaba, a su vez separandonos de él. Fija tanto al que contempla como al contemplado, sitúa al hombre en un sector parcial. Son dos caras de la misma moneda, para estudiar y conocer algo es necesario separarse de él, esta separación lleva a la especialización que te dá un conocimiento aún más detallado pero una separación aún mayor. Hasta el punto de olvidarnos que eso que estamos estudiando pertenece a un todo inseparable.
Creo que a través de esta separación hemos conseguido catalogar y clasificar todo. Hemos conseguido crear las piezas del puzzle, una a una las hemos colocado en la caja y ahora nos toca volver a componerlo. Entender de dónde viene cada pieza y cómo encajan unas con otras. Estamos entrando en una tercera fase en la que sentimos la separación pero dentro de un todo, lo mejor de los dos mundos.




Muy interesante 😃. Lo incluimos en el diario 📰 de Substack en español?
Buenísimo. Muy interesante